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Landing o sitio institucional: la pregunta no es cuál, es para qué.

Es una de las primeras preguntas que aparece cuando alguien quiere estar en internet, y casi nunca tiene una respuesta simple. No porque sea complicado, sino porque la respuesta depende de algo que todavía no se preguntó: para qué va a servir esa página, no cuántas secciones va a tener.

Una landing page tiene un solo objetivo: que quien llega, haga algo puntual — dejar sus datos, reservar un lugar, conocer un producto nuevo. Todo en esa página empuja hacia esa única acción, sin distracciones ni caminos alternativos. Por eso son cortas, directas, y suelen vivir un tiempo limitado — mientras dura la campaña, el lanzamiento, el evento.

Un sitio institucional cumple otra función. No busca una acción inmediata, busca que alguien entienda quién es la marca, a qué se dedica, y encuentre lo que necesita a su propio ritmo. Tiene más páginas, más caminos, y está pensado para durar — no para una campaña, sino para representar a la marca todo el tiempo.

La pregunta correcta no es cuál es más chico o más rápido de hacer, sino qué tiene que lograr esa página cuando alguien llegue a ella.